En esta aventura investigativa que ha significado Escuelas y Trenes entrevisté/encuesté (en forma directa o con la colaboración de maestros y profesores amigos) a 100 gurises de primaria y a 100 de secundaria.
Las preguntas eran sencillas:
¿Sabés qué es un tren? Si, respondió prácticamente el 100% .
¿Has visto uno en vivo y en directo? Sí, contestó el 30%.
¿Has subido o viajado en tren? Si, contestó el 10%
Pero lo más notable fue la respuesta a la última pregunta:
¿Te han regalado o has pedido que te regalen un tren? Y las respuestas afirmativas fueron sólo 3, o sea un 1,5% del total.
Datos ciertos o imaginarios me llevaron a rememorar cuando mi generación (y tantas anteriores) soñábamos silbatos, maniobras y detenciones de trenes en el seguro recinto de nuestros dormitorios.
Y de la felicidad por el trencito de madera...y ni hablar si era de chapa, con vivos colores...Y ni hablar cuando teníamos la oportunidad de ver esos eléctricos que parecían reales.
Todo evoluciona y está bien que así sea pero, a mí y seguramente a muchos de mi generación nos da pena que a papá Noel los gurises ya no le pidan trencitos de juguete.
A papá Noel los gurises no le piden trencitos, por Andrés Honorio Casaretto
En esta aventura investigativa que ha significado Escuelas y Trenes entrevisté/encuesté (en forma directa o con la colaboración de maestros y profesores amigos) a 100 gurises de primaria y a 100 de secundaria.
Las preguntas eran sencillas:
¿Sabés qué es un tren? Si, respondió prácticamente el 100% .
¿Has visto uno en vivo y en directo? Sí, contestó el 30%.
¿Has subido o viajado en tren? Si, contestó el 10%
Pero lo más notable fue la respuesta a la última pregunta:
¿Te han regalado o has pedido que te regalen un tren? Y las respuestas afirmativas fueron sólo 3, o sea un 1,5% del total.
Datos ciertos o imaginarios me llevaron a rememorar cuando mi generación (y tantas anteriores) soñábamos silbatos, maniobras y detenciones de trenes en el seguro recinto de nuestros dormitorios.
Y de la felicidad por el trencito de madera...y ni hablar si era de chapa, con vivos colores...Y ni hablar cuando teníamos la oportunidad de ver esos eléctricos que parecían reales.
Todo evoluciona y está bien que así sea pero, a mí y seguramente a muchos de mi generación nos da pena que a papá Noel los gurises ya no le pidan trencitos de juguete.
Echagüe: sin tren pero con secundario, por Dora Raquel Guigou
Hablar de Gobernador Echague es hablar de la Estación Echagüe, la primera estación que corresponde al ramal Tala-Gualeguay. Los que vivimos ahí, en Echagüe, realmente cuando el tren “desaparece” (entre comillas) sentimos un impacto negativo: retroceder en el tiempo, cortarse las comunicaciones…aunque Echagüe tenía, tiene asfalto significó un dejo de tristeza, un aislamiento y un impacto profundo en ese momento. Pero, pasaron unos años y es como que nos reciclamos con esta situación. Luego, la población empezó a ver otras perspectivas de trabajo…y llega el secundario. ¿Qué significó el secundario, la llegada del secundario a Echagüe? Significo lo mismo que si hubiera vuelto un tren imaginario…porque llegaba algo que nos iba a permitir otra vez evolucionar. Los que vivimos ahí nos permitió ver el movimiento de autos de los profesores que entraban y salían. Familias que se vinieron a vivir al pueblo, de docentes. Se construyó un barrio de quince viviendas en el que viven actualmente docentes que son del secundario…y eso le dio vida…el secundario le dio vida a Echagüe.
Último tren a Maciá, por Mario Carruego
Para entender el sentir de todo un pueblo cuando se pierde el tren, nadie lo puede relatar mejor, en lo que a Maciá se refiere, que Mario Carruego.
Se mantienen hasta hoy el testimonio fílmico de aquel hecho por su obra. Cuando ya se sabía que el cierre del ramal era inminente había andado junto a José Maciel Varela levantando firmas, dando una lucha que parecía imposible, pero dándola igual.
“El día que se fue el tren por última vez, hacia Sola, no me acuerdo bien si era sábado o domingo, tipo cuatro y media o cinco de la tarde...estaba Delfor y el Bebe...y ya se sabía a qué hora iba a llegar de Guardamonte con la máquina 6614...y se escuchaba el pito desde la curva…”
Desde la curva en el puentecito que aún hoy se mantiene en memoria de aquel pasado.
“Cuando llegó… lágrimas… y yo que no lo tenía preparado hice un discurso de despedida...y gente… mucha gente. Entonces, con Alfredo Atum sacamos los dos últimos boletos hasta el apeadero que sale al camino de cuatro bocas, allá en el Obispo...que son los dos boletos que hoy están en el galpón 13 de noviembre”
Los dos últimos pasajes emitidos y guardados...como modo de conservar la memoria...
“Y mientras yo filmaba con una máquina japonesa que había comprado, Alfredo iba grabando los pasajeros que se iban por última vez. Y yo grabé hasta que se perdió la estación...desde el último vagón...”
Y dice Mario “y hay tanta gente que le ha cantado a las vías vacías, al último tren...hay muchos poetas de acá… y en todos lados porque es un dejo de nostalgia en todos los pueblos porque todos crecieron a la vera de la estación. Esperemos que algún día, acá ya no, pero en las líneas troncales vuelva a funcionar ya en forma normal. Que algún día cercano ese regreso se concrete”
Me pareció oportuno incluir en esta breve crónica algo que me contaba María Laura Bournissen, hija de Oscar Bebe Bournissen, el último jefe de estación. Ese día, se sentó en su escritorio, se hizo sacar una foto...y escribió al dorso: “13 noviembre 1977 último tren...último día de trabajo…”
Sola: Bruno Ascaino y la estación hoy
Contaba
Bruno Ascaino, presidente de la Junta de Gobierno de Gobernador Sola que en la
antigua estación, desde que se levantó la línea troncal, funcionó un comedor
comunitario y fue utilizada para distintas acciones sociales.
Cuando
comenzó a circular el Materfer nuevamente, la estación fue reparada a nuevo:
los baños, el andén, los revoques, la pintura exterior…hasta quedar realmente
hermosa. Actualmente tiene el proyecto de que en la antigua estación se cree y
funcione de modo permanente una biblioteca. Una intención excelente para seguir
cobijando la cultura y la identidad.
Durazno: y los gurises del secundario sin tren…


Me contaba
Raquel Brown muchas “consecuencias” del levantamiento del ramal que pasaba por
Durazno. Los gurises de aquel entonces (y hasta que tuvieron su propio
establecimiento secundario en el 2000) estudiaban el “José María Paz” de Maciá.
Se había
levantado el tren…el acceso a la ruta 6 no estaba…y la misma ruta 6 estaba en
construcción…así que, si llovía, los gurises unían Maciá con Durazno caminando
por las vías. Y eran nada más y nada menos que 25 kilómetros entre las
toscas…un esfuerzo inimaginable…
Delfor Buiatti: Memorias desde la vía
Delfor
Buiatti es, por sobre todas las cosas, un ferroviario. Para mí, cuando chico
era la imagen del FERROVIARIO, pues éramos vecinos. Para esta investigación lo consulté muchas
veces. Y desgranó, con generosidad sus recuerdos.
En el final
de su carrera le tocó ser protagonista (a desgano, claro) del eclipse de los
trenes. Así, le tocó ser el último jefe de Estación Guardamonte cuando se
dispuso que no hubiera allí más personal permanente. Le tocó ser auxiliar
titular en Maciá el 13 de noviembre de 1977 cuando se levantó el ramal. Luego,
entre múltiples destinos estuvo en Sola. Y el destino quiso que en 1992 cuando
se levanta la línea troncal Paraná-Uruguay prestara servicios en Lucas
Gonzalez. Fue testigo directo y “material sobrante” (como él mismo dice) de
todo ese proceso. Y enarbola con orgullo su estirpe de ferroviario…mantiene
guardado todavía su uniforme…y ha estado presente en cada oportunidad en que un
tren surca el territorio de nuestro departamento.
En esta
selección de grabaciones nos cuenta Delfor Buiatti, en primer lugar los
destinos que tuvo y las características de las tareas ferroviarias (le tocó
desempeñar prácticamente todas).
También
explica porqué, a pesar de las rutas, el tren no perdía vigencia como
herramienta para trasladar la producción de la zona. Y nos habla de fiesta que
eran las estaciones en cada llegad y en cada partida. Y también nos explica
porqué (y cómo) se fueron creando las
condiciones para el levantamiento de ramales.
Son, como el
título lo dice, memorias desde la vía…o desde una vida vinculada al tren.
Tala y Sola: cuando Evita anduvo por aquí
El
1º de mayo de 1948 el gobierno peronista había nacionalizado los ferrocarriles,
que hasta entonces eran propiedad de los ingleses. Aunque necesitaban
inversiones, eran una poderosa herramienta para el desarrollo nacional. La red
ferroviaria llegó a tener en esos años 35.746 kilómetros de red operable, la
más larga del continente.
Y
era una vigorosa herramienta política pues la vida transcurría alrededor de las
estaciones a lo largo y lo ancho del país.
Un
testimonio sobre Estación Sola despertó mi interés:
“Corría 1950 cuando fuimos a la estación
porque pasaba Evita. El tren se detuvo y repartieron ropas, calzados,
juguetes…tuve la suerte que me tocara un guardapolvo y un par de zapatillas.
Las llevé a casa, pero mi padre que era opositor a las ideas de Perón me ordenó
devolverlas y yo, con pocas ganas, tuve que obedecer”
dicho por Lido Lescano (actualmente residente en Maciá)
Me
puse a investigar y encontré, en el blog la solapa entrerriana el detalle de lo
que andaba haciendo Evita en esa gira…y encontré la fecha precisa: fue el 2 de marzo de 1950 e hizo escalas, en
el apogeo de su popularidad en las estaciones de Sola y de Rosario del Tala, en
multitudinarios eventos.
Hay
una foto del extinguido diario “La Acción” de Paraná que la muestra saludando a
quienes fueron a recibirla en la estación de esa ciudad.
Cuenta
Rubén Bourlot “El periódico paranense La
Acción tituló en su edición del 3 de marzo de 1950: “Paraná no presenció jamás
un espectáculo como el que se le ofreció ayer”, y en la crónica de primera plana,
ilustrada con grandes fotografías, destacó que “la expectativa que había
despertado la visita de Eva Duarte de Perón a Paraná y el hecho de ser la
primera vez que llegaba a nuestra ciudad fue motivo suficiente para que desde
hora temprana al promediar la mañana ya se notara en la plaza 1º de Mayo una
gran actividad…”
A las 17 y 35 arribó a la estación local
el tren especial donde viajaba Eva Perón. De inmediato fue conducida al predio
donde la Fundación de Ayuda Social levantaría el Hogar Escuela para colocar la
piedra fundamental. Después de este acto la comitiva se dirigió al edificio del
correo donde se había levantado el palco oficial. Luego de una serie de
discursos se dirigió a público Eva Perón que, entre otros conceptos anunció la
construcción de un asilo de ancianos den Gualeguaychú y un hospital en
Gualeguay”
Además
de salir a constatar con vecinos de la época la validez de los datos y el
enorme impacto que causó en la época (pues, como el testimonio de Lido lo
muestra, existían divisiones apasionadas entre peronistas y anti) me encontré
una gratísima sorpresa en el Museo de Rosario del Tala: una copia auténtica de
una foto tomada aquel día en la estación de Rosario del Tala.
La
vida pasaba por las vías y las estaciones. Y la política…y las pasiones…también.
Evita
decía entonces: “No pretendo – dijo en otra
parte de su discurso – ninguna posición, solo deseo ser la compañera Evita, la
más humilde de la mujeres argentinas al servicio de mis queridos descamisados” cuando anduvo por aquí, en carne y hueso…amada
u odiada. Antes del paso a la inmortalidad. Y de transformarse en mito…
Fuentes:
“Sola:
un pueblo…mi pueblo” tomo 1, pág. 19 y 20
“Foto
de evita en Tala” Museo histórico de Rosario del Tala
“Eva
Perón en Paraná” por Rubén Bourlot en http://lasolapaentrerriana.blogspot.com.ar/2010/11/eva-peron-en-parana.htmlRosario del Tala: te acordás?
Norma
Battistessa escribió a Escuelas y Trenes:
"Me
causó emoción, además del tremendo trabajo de recopilación, que es un gran
esfuerzo! Volví a ver a Maria Laura que desde chiquita no la veo. Tantas
historias!!!Recuerdo anécdotas de las costumbres de esa época en que, una hora
antes las familias se apostaban en la estación, por miedo a que el tren los
dejara jaja era todo un ritual y que orgullo viajar en tren! el viaje era una
verdadera travesía! Casualmente hace unos días hablábamos con mi hermana que
lindo seria llevar de paseo a nuestros niños hasta Basavilbaso para que sientan
esa sensación, que para nosotros fue inolvidable. Nosotros viajábamos a Buenos
Aires en la época en que se cruzaba en la balsa te acordás? Eran viajes largos,
repletos de sandwiches de milanesas, jugos y dulces. En esa época existía el
"auto de alquiler" que nos llevaba con todos los bolsos jaja y había
que inventar juegos para pasar el tiempo. Recuerdazo para mi! Cuando sonaba la
campana como nos latía el corazón !"
Y me puse a recordar y buscar
aportes:
“Cómo no me voy a acordar…en
particular del ferry boat que embarcaba en Holt-Ibicuy…el otro día, en el 10
aniversario del Museo de Echague recordaba Roberto Romani y también Alfredo
Posanzini cómo se inclinaba cuando iban cargando los tramos de vagones…claro,
primero ponían uno al medio pero luego ponían otro tramo del tren en uno de los
costados…y el ferry se inclinaba hasta casi tocar el agua…por supuesto, luego
terminaban de cargar el tren…y todo transcurría normalmente en esa aventura que
era el cruce a Buenos Aires antes del puente”
Las marcas del tren
Por Héctor Kiko Monti (mansilla-expres-arte 28/12/09)
El sábado 19 de Diciembre hubo mucho alboroto mediático en Paraná debido a que nuevamente un tren entrerriano cruzaba la provincia de costa a costa. De Paraná a Concepción del Uruguay y viceversa pasando por 24 localidades y la crónica también decía que en nuestra provincia no había un tren de pasajeros desde hace 18 años.
El domingo 20 de Diciembre leo en el Diario de Paraná un escrito de Fabián Reato, hijo dilecto de Mansilla y joven escritor, titulado “Sobre vías y el tren de la historia” quien describe con precisión y sencillez, no exenta de vívida emoción, pinceladas maravillosas de lo que significaba el tren en nuestra niñez y en nuestro querido pueblo. De cómo, simples anécdotas, reflejaban todo un sentir alrededor del tren, la estación y sus vías. Luego vino la nada y otra fue la historia.
Pero este escrito hizo de disparador para muchas imágenes que tengo guardadas en mis recuerdos, porque el tren y Mansilla marcaron mi niñez y juventud para siempre y eso es lo que intentaré reflejar a partir de este momento.
Desde que tenía meses de vida, mi ida a Mansilla era en tren. Luego ya en la escuela primaria, cuando venían las vacaciones, mi mejor aventura era viajar en tren a visitar a mis abuelos y demás seres queridos. Y digo aventura porque en esos años viajar desde Paraná (hoy por ruta son apenas dos horas) significaba unas nueve horas de viaje. Cada viaje era como prepararme para ir a Europa, por decir un lugar lejano. Era un gran misterio lo de las distancias y a mi me parecía que Mansilla estaba lejos, muy lejos.
Tomábamos el tren que iba a Uruguay alrededor de las siete de la mañana y nos bajábamos en Rosario del Tala cerca del mediodía. Ahí esperábamos hasta las dos de la tarde y tomábamos el “lechero” del Ramal Tala – Gualeguay. La adrenalina se acrecentaba a medida que se acercaba Gobernador Mansilla.
El tren pasaba a unos cien metros de la casa de mis abuelos y ver a mi abuela Adelina parada en la esquina de su casa saludando era la primera postal que como niño atesoro con mucha emoción. Mi abuelo Enrique me esperaba en la estación y me llevaba a caballo, porque lo mas lindo era andar a caballo. Manso y cansino el andar del tobiano que tenía y que no recuerdo su nombre. Ya habían empezado mis vacaciones y mis días inolvidables en Mansilla.
Por el tren tengo una marca en la frente que la llevo por siempre, dado que cuando pasaba frente a la casa de mis abuelos, siempre salía ella a saludar a uno de sus sobrinos, que era guarda (el recordado Chochi Ruiz) y una vez ella tenía en sus manos unos tenedores que estaba lavando. Yo era chiquito que apenas llegaba a su cintura y una vez al darse vuelta, no me vió y sin querer me clavó las puntas de un tenedor en mi frente. Esa marca hoy, a más cincuenta años de esta anécdota, está incólume en mi frente. Y todo por el paso del tren.
Hoy conozco gente que nunca anduvo en tren y no saben la terapia que es. Viajar sin apuro disfrutando el paisaje del campo entrerriano invitan a valorar aún más nuestros recursos naturales. Las paradas en cada estación, el rito y las emociones de la llegada y despedida de los que viajaban, el jefe de estación con su pulcro uniforme y no se por qué siempre serio, el tañido de la campana y el silbato del guarda nunca se borrarán de mi memoria. Además el tren era todo un acontecimiento en cada pueblo y más de uno solo iba a hacer sociales y verlo pasar. Era el rato de actividad intensa que más de un pueblo tenía. Pasaba el tren y todo volvía a la tranquilidad. Así era la vida en los pueblos
Mi querido viejo – Pirungo – viajó muchos años en tren llevando la correspondencia, era el clásico Estafetero. Es decir que su misión durante varios años fue entregar en cada pueblo las cartas portadoras de noticias. El correo era el pulso de muchas vivencias para los habitantes de los pueblos chicos. Vaya si no era importante el paso del tren en aquellos años.
Cuántas historias tendrá cada uno relacionadas con el tren. Era el encuentro alegre de los estudiantes, era el viaje a las principales ciudades para atenderse con el doctor y/o hacer trámites, era el obligado viaje a visitar a los parientes, etc. Los ómnibus casi no existían
Incluso nosotros desde Mansilla, siendo jóvenes tomábamos el tren el sábado por la tarde para ir a bailar a Galarza e incluso subían amigas nuestras en la estación de Arroyo Clé. Volvíamos al otro día en el tren de la madrugada. Hermosos recuerdos de juventud. Quién nos “quitaba lo bailado” como se decía comúnmente. Y todo por el invalorable precio de disfrutar con nuestros amigos del alma teniendo al tren como cómplice de tantas vivencias compartidas.
Por eso ese escrito de Fabián potenció mis lejanos recuerdos. Por los años 77 hice unas imágenes relacionadas con el tren y se las entrego afectuosamente para complementar este modesto recuerdo, siempre con Mansilla como eje de mis primeros años de vida y con el tren y las vías como referente obligado cuando de viajar y disfrutar se trataba. Viejos amigos, salud !!!
Mansilla: memorias del tren y la infancia
En el año 2009, cuando cruzó nuevamente la provincia un tren por la línea
troncal Paraná-Concepción del Uruguay (anticipo de la reapertura de la línea en
2010) se publicaron reflexiones y recuerdos en varios puntos de la Provincia.
En el excelente sitio mansilla-expre-arte.blogspot, dirigido por Rubén
Darío Latorre se publicaron dos textos de mancillenses destacados.
Uno de ellos, “Sobre las vías y el
tren de la historia” fue escrito por Fabián Reato (y publicado en El Diario
de Paraná el 20/12/2009) y el otro, motivado por el anterior, “Las marcas del tren” fue escrito en el
blog por Héctor Kiko Monti el 28/12/2009. Creemos que ambos textos, conjugados,
expresan de manera inigualable lo que el tren representaba en la infancias
pueblerinas, y por el otro, dan una dimensión cabal de las sensaciones (y
reflexiones) que desató el cierre de los ramales.
Agradecemos a Rubén Darío Latorre y a ambos autores por permitir
multiplicar en este espacio aquellos textos, imágenes, sentimientos y
reflexiones, esas semblanzas cargadas de subjetividad, para que las conozcan
más niños y más jóvenes de nuestro Departamento Tala.
Sobre vías y el tren de la historia
Por Fabián Reato (El Diario 20/12/09)
Me acuerdo de una mañana de
un 8 de diciembre, allá en el pueblo y hace tiempo. Armábamos el pesebre con mi
tía en la casa de mis abuelos, que estaba a pocos metros de la vía. De pronto,
pasó el tren de las 10. La mesa tembló, se cayó el San José y se descabezó.
Me acuerdo de las monedas de
25, que poníamos en fila sobre los rieles. Una al lado de la otra, cinco
minutos antes. Después, esperábamos ansiosos al costado para volver y ver cómo
las ruedas terribles las habían dejado convertidas en estampillas de metal. Las
locomotoras eran negras, imponentes, rugían como monstruos. Arrancaban
despacio, haciendo fuerza y de apoco iban tomando velocidad, pitando un saludo
desesperado. Me acuerdo del vapor intenso, blanco tiza, que por un momento
cubría el andén y dejaba a los que se estaban despidiendo sumergidos en una
bruma, como si ya fuesen del pasado. Los bancos de madera, las columnas de la
galería, el pasto bien cortado, el cartel con el nombre de mi pueblo:
Gobernador Mansilla. Por entonces, la gente llegaba en tren, se iba en tren,
pasaba en tren. Me acuerdo del tren a Buenos Aires, que venía del norte. Se
decía que el viaje duraba días y por eso los pasajeros no sólo llevaban
equipajes sino también pollos vivos a los que les daban de comer en los
pasillos, y naranjas para calmar la sed, y guitarras para matar el
aburrimiento.
Eran muchos vagones,
marrones, con ventanillas abiertas y caras curiosas asomadas. El último era el
del correo: todo un vagón cargado de cartas, sobres con esquelas, anuncios,
facturas, encomiendas, saludos, tarjetas. En aquel tiempo, las cartas iban en
tren. Por las vías también pasaban las zorras, que no eran animales sino una
especia de balsa con ruedas. Trasladaban a los “catangos”, es decir a los
obreros que mantenían las vías en condiciones, o los hilos del telégrafo, o los
pasos a nivel.
Algunas zorras eran a
tracción a sangre, había que subir y bajar una palanca para impulsarlas, como
si se bombeara agua. Nosotros mirábamos con mucha envidia a esos esforzados
náufragos y queríamos ser uno de ellos. Más tarde, las zorras tuvieron motor y
perdieron un poco de magia. Por las vías también andaban los linyeras, o los
crotos o los vagos trashumantes. Así como llegaban se iban a los pocos días,
después de pedir algo de comida y un lugar en el galpón para dormir. Nosotros
no les teníamos miedo pero los grandes nos decían que se robaban a los chicos
que se portaban mal y nunca más los devolvían. Había uno que una vez contó que
su sueño era ganar la lotería para comprarse un boleto y viajar en tren hasta
donde se terminaban las vías. Decía que quería ir leyendo el diario y fumando
un cigarro.
Me acuerdo de aquel 76,
cuando los militares dijeron que no iban a circular más trenes entre Rosario
del Tala y Gualeguay. Entonces, llegaron ellos: aburridos, serios, grises,
prepotentes y se llevaron el cartel de la boletería, la campana, el reloj a
péndulo, los muebles que habían traído los ingleses, el banco de la galería,
los sillones de la sala de espera. En las vías creció el pasto y sólo sirvieron
de corral para vacas y caballos. Después, me vine a estudiar a Paraná, en tren.
Lo tomábamos en Lucas González o en Estación Sola. Había guardas que pedían el
boleto y lo marcaban con una perforadora. Pero además te hacían bajar los pies
si vos te estirabas para dormir y los apoyabas en el asiento de enfrente. Era
lindo dormirse en el tren porque te acunaba. También era lindo pasar por las
estaciones y ver los campos salpicados de islotes de árboles. En los 90, ramal
que paraba, ramal que cerraba, como si nada. Las estaciones quedaron
abandonadas, o pasaron a ser oficinas públicas, centros culturales o el museo
del pueblo.“No hay que perder el tren de la historia”, se decía en aquellos
años. Y el país se quedó en la vía
Tomado de: http://mansilla-expres-arte.blogspot.com.ar/2009/12/sobre-vias-y-el-tren-de-la-historia.html
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